24 de enero, Día Mundial de la Lepra
Enfermedades olvidadas
El 24 de enero se celebra el Día Mundial de la Lepra, una enfermedad que todavía afecta a miles de personas en el mundo. Pero no es la única: las nuevas lepras o enfermedades olvidadas, asociadas con la pobreza, se cobran miles de vidas al día. En el mal llamado primer mundo, ni siquiera conocemos sus nombres. No interesa investigarlas, ni buscar tratamientos, porque quienes las sufren no son rentables
Si digo kala azar o enfermedad de chagas, querido lector, ¿sabría usted responder qué es? Pero si ahora digo gripe A, ¿cuántas personas podrían decir algo sobre los síntomas, causas, gravedad...? Miles de seres humanos mueren cada día por enfermedades que tienen fácil solución. Son la lepra, la úlcera de Buruli, el dengue, la malaria, la tuberculosis, la leishmaniasis okala azar, la enfermedad de chagas..., casi todas, enfermedades parasitarias que provocan muertes fácilmente evitables.
Estas patologías no son negocio, ni sus pacientes un mercado rentable; por eso, la investigación de nuevos tratamientos no recibe el apoyo necesario para dar una respuesta. De hecho, sólo el 1% de los 1.556 medicamentos desarrollados entre 1975 y 2004 fueron destinados al tratamiento de las enfermedades olvidadas. Don Juan Carlos Rodríguez, Vicepresidente de Medicus Mundi Alicante y microbiólogo del Hospital General Universitario de Elche, afirma que, «por ejemplo, para tratar el chagas -enfermedad transmitida por la picadura de la vinchuca, un insecto-, se utilizan medicamentos muy tóxicos que se descubrieron hace 50 años, porque no se ha querido invertir más». Y señala que «a la industria no le interesa, porque el esfuerzo económico que supone para la empresa no sale rentable. Prefieren investigar la diabetes o el colesterol». Esta enfermedad desarrolla lesiones cardíacas, digestivas y neurológicas irreversibles para aquellos que no pueden acceder a los medicamentos. Para quienes sí tienen la posibilidad, no existe ningún riesgo grave.
La mayor parte de la investigación de nuevos medicamentos está en manos del sector privado. Pero don Max Ebstein, ex-Secretario de la Junta de Gobierno de Fontilles y ex-directivo del Banco Mundial, reconoce que no todo el problema está en la industria: «Por mucho que se aprieten las clavijas a las farmacéuticas, el problema es interno, de los países en vías de desarrollo.
Estas patologías no son negocio, ni sus pacientes un mercado rentable; por eso, la investigación de nuevos tratamientos no recibe el apoyo necesario para dar una respuesta. De hecho, sólo el 1% de los 1.556 medicamentos desarrollados entre 1975 y 2004 fueron destinados al tratamiento de las enfermedades olvidadas. Don Juan Carlos Rodríguez, Vicepresidente de Medicus Mundi Alicante y microbiólogo del Hospital General Universitario de Elche, afirma que, «por ejemplo, para tratar el chagas -enfermedad transmitida por la picadura de la vinchuca, un insecto-, se utilizan medicamentos muy tóxicos que se descubrieron hace 50 años, porque no se ha querido invertir más». Y señala que «a la industria no le interesa, porque el esfuerzo económico que supone para la empresa no sale rentable. Prefieren investigar la diabetes o el colesterol». Esta enfermedad desarrolla lesiones cardíacas, digestivas y neurológicas irreversibles para aquellos que no pueden acceder a los medicamentos. Para quienes sí tienen la posibilidad, no existe ningún riesgo grave.
La mayor parte de la investigación de nuevos medicamentos está en manos del sector privado. Pero don Max Ebstein, ex-Secretario de la Junta de Gobierno de Fontilles y ex-directivo del Banco Mundial, reconoce que no todo el problema está en la industria: «Por mucho que se aprieten las clavijas a las farmacéuticas, el problema es interno, de los países en vías de desarrollo.
La labor de los misioneros
La clave está en la eliminación de la corrupción del gobernante de turno, en que aquellos que se van fuera a estudiar vuelvan a sus países a mejorar la situación...» Muchas veces sí existen medicamentos para tratar determinadas enfermedades, pero los pacientes no tienen acceso a ellos por su elevado precio, por las carencias de los sistemas de salud o por la falta de adaptación de los protocolos nacionales.
«Donde hay un misionero que trabaja, allí sí funcionan los tratamientos», afirma el señor Ebstein; «donde Fontillespone en marcha un proyecto, la sanidad de la población mejora». El misionero javeriano Carlos Collantes trabajó durante 11 años en Camerún, en un centro de salud construido con la ayuda de Manos Unidas: «Cuando hacían falta medicinas, las distribuíamos a precios adecuados para que pudieran acceder a ellos, dábamos el número exacto de comprimidos e incluso pusimos en marcha una campaña de medicina natural. Por ejemplo, la prevención de la malaria se puede hacer con una infusión de hoja de papaya. Lo que está claro es que a las grandes farmacéuticas no les interesa invertir en enfermedades que afectan a los pobres...»
«Donde hay un misionero que trabaja, allí sí funcionan los tratamientos», afirma el señor Ebstein; «donde Fontillespone en marcha un proyecto, la sanidad de la población mejora». El misionero javeriano Carlos Collantes trabajó durante 11 años en Camerún, en un centro de salud construido con la ayuda de Manos Unidas: «Cuando hacían falta medicinas, las distribuíamos a precios adecuados para que pudieran acceder a ellos, dábamos el número exacto de comprimidos e incluso pusimos en marcha una campaña de medicina natural. Por ejemplo, la prevención de la malaria se puede hacer con una infusión de hoja de papaya. Lo que está claro es que a las grandes farmacéuticas no les interesa invertir en enfermedades que afectan a los pobres...»
La lacra de la lepra
Ante el Día Mundial de la Lepra, es necesario recordar que sigue siendo un problema de salud en bastantes países asiáticos, y especialmente en Brasil y muchos países africanos -Mozambique, Madagascar, Tanzania...- Don José Ramón Gómez, director médico de Lepra en Fontilles, señala que, «en los últimos años, han aparecido cerca de 300.000 nuevos casos, aunque es difícil saber con certeza el número, ya que en muchos países no existen registros porque no interesa que se sepa que existe lepra dentro de sus fronteras».
El doctor Gómez afirma que «se ha mejorado mucho en el tratamiento de la lepra. Incluso, si los Gobiernos de los países en vías de desarrollo tienen interés, la Organización Mundial de la Salud manda gratuitamente la medicación». El problema es que los programas sanitarios de estos países no funcionan. También existe otro problema, el social: «A veces, es complicado que la medicación llegue al paciente, porque la lepra todavía tiene un estigma y se oculta la enfermedad».
Además de la inversión pública en investigación para las enfermedades olvidadas, don José Ramón propone otra solución: la educación sanitaria de la población. «De hecho -señala-, muchos médicos están especializándose en medicina tropical con el boom de la inmigración en España y el fortalecimiento de la cooperación internacional. Gracias a esto, se puede avanzar en el estudio de estas enfermedades y en la aplicación de medidas sanitarias allí, a pie de campo». Es un proceso lento, pero, si se tiene interés, puede ser un proceso seguro.
El doctor Gómez afirma que «se ha mejorado mucho en el tratamiento de la lepra. Incluso, si los Gobiernos de los países en vías de desarrollo tienen interés, la Organización Mundial de la Salud manda gratuitamente la medicación». El problema es que los programas sanitarios de estos países no funcionan. También existe otro problema, el social: «A veces, es complicado que la medicación llegue al paciente, porque la lepra todavía tiene un estigma y se oculta la enfermedad».
Además de la inversión pública en investigación para las enfermedades olvidadas, don José Ramón propone otra solución: la educación sanitaria de la población. «De hecho -señala-, muchos médicos están especializándose en medicina tropical con el boom de la inmigración en España y el fortalecimiento de la cooperación internacional. Gracias a esto, se puede avanzar en el estudio de estas enfermedades y en la aplicación de medidas sanitarias allí, a pie de campo». Es un proceso lento, pero, si se tiene interés, puede ser un proceso seguro.
Cristina Sánchez

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