Una película que abarca el período que va de la Guerra Civil (1936-39) hasta el asesinato del ex presidente del Gobierno español Luis Carrero Blanco, visto desde el hilo conductor de un payaso tonto, encarnado por Carlos Areces, y el afilado carisma del payaso gracioso encarnado por Antonio de la Torre que tiene a su merced a la compañía, con quien rivalizará además por el amor de una mujer: la trapecista que encarna Carolina Bang. Entre los dos componen la metáfora de las “dos Españas que luchan hasta destruirse una a la otra”.

Rodada en tiempo record en un tono de desenfreno creativo, excesiva y barroca, una especie de tragedia grotesca, pero sin asomo de una reivindicadora pincelada goyesca, la crítica opinó así: “Todavía tengo que pensar si me ha gustado o no”, decía un periodista italiano. “Es muy divertida, pero demasiado barroca y grotesca. Está muy bien dirigida, pero a veces era demasiado reiterativa”, sostenía otro colega de la misma nacionalidad.
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